Ya ha pasado un  mes y medio desde que llegué a este país y sigo sin acostumbrarme a este clima, estos precios y estos horarios.  ¿Increíble verdad? Para rematar, esta última semana ha sido bastante movidita. No he parado quieta.  He visitado Helsingør y Copenhague (la ciudad  más cara a la que jamás he ido) con mi pareja, y Odense con mis amigos. Resumiendo, estos días se han basado en visitar muchos monumentos y  probar comidas.

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Todas las ciudades que he visitado me han sorprendido muchísimo. Copenhague ha sufrido un gran número de incendios, por lo que hay pocos edificios y monumentos antiguos que se conserven. Visitamos la Sirenita, el monumento más decepcionante de Copenhague por lo pequeñito que es; vimos el cambio de guardia del palacio de Amalienborg, donde vive la reina; dimos un paseo en barca por el canal, comenzando en Nyhavn (la típica postal de casitas de colores danesa); y caminamos por la calle peatonal más larga de Europa, Strøget, en Copenhague.

Dos de los castillos que visité, Kronborg en Helsingør y Egeskov en Odense, estaban rodeados por agua. Esto me hizo acordarme directamente de uno de los monumentos más importantes de Segovia y uno de los más visitados a nivel nacional: el Alcázar.  Este castillo-palacio convertido en Alcázar en el s. XIII se alza sobre la confluencia de los ríos Eresma y Clamores con su forma de proa de barco (o castillo de princesas Disney, como podéis ver en la foto). Y por si fuera poco, ¡también sufrió un incendio en 1862!

Alcazar PROPIEDAD DE TURISMO DE SEGOVIA (4)

La comida de aquí es curiosísima. Tanto que mi pareja, en vez de llevar el típico imán de la sirenita como regalo, compró comidas raras. El plato danés por excelencia es el Smørrebrød: una rebanada de pan negro (imposible de tragar sin agua), untado con mantequilla y con lonchas de carne, pescado o queso acompañado con guarnición. No la liéis y os lo comáis como un sándwich, es con cubiertos.

En cuanto a postres: los daneses están obsesionados con los regalices (los tienen dulces y salados y los mezclan con todo); el chocolate danés más popular es Toms Skildpadde, una tortuga de chocolate rellena de ron, crema y caramelo (lo probé con mi familia y decidimos que no era lo nuestro…definitivamente no lo recomiendo); y probablemente no sea lo más más típico de aquí, pero tenéis que probar el Kanelsnegle, un bollito de canela delicioso.

Me encanta sorprenderme con nuevos sabores…de hecho… ¡no sé si me quedo con el cochinillo y el ponche segoviano o con estos postres! Aun así, puedes encontrar casi de todo. De hecho, he probado los perritos calientes de Copenhague. Pensé que era más típico de Alemania, pero es increíble la cantidad de puestos que hay. Como curiosidad, el precio solo incluye la salchicha… ¡en muchos sitios el pan va aparte!

¡Os seguiré contando!

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I have already spent a month and a half since arriving in this country and I am still becoming accustomed to the climate, prices and timetables – incredible, isn´t it? What´s more, this last week has been quite busy. I haven´t stopped at all. I visited Helsingør and Copenhagen (the most expensive city I have ever been to) with my partner, and Odense with my friends. Summing up, these days have been based around trying food and visiting many sights.

To tell the truth, all the tourist attractions surprised me a lot. Copenhagen has suffered a large number of fires, so there are very few old buildings and sights that are preserved. We visited the little mermaid, the most disappointing sight in Copenhagen because of how small it is; we saw the changing of the guard at Amelienborg palace, where the Queen lives; we took a boat along the canal starting in Nyhavn (the typically Danish coloured houses on postcards); and we walked along the biggest pedestrian street in Europe, Strøget.

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WhatsApp Image 2018-10-11 at 12.48.08Two of the castles I visited, Kronborg in Helsingør and Egeskov in Odense, were surrounded by water. This directly reminded me of one of the most important and visited monuments on a national level that is in Segovia: the Alcázar. This castle, turned into fortress in the XII century, is erected over the Eresma and Clamore’s confluence with a prow’s boat shape. As if this were not enough, it also suffered a fire in 1862!

The food from this country is so curious. So much so that instead of bringing back the typical “The Little Mermaid” magnet as a gift, my partner bought strange food. The most typical Danish dish is Smørrebrød. It´s a slice of black bread (impossible to swallow without water), spread with butter and slices of meat, fish or cheese accompanied with a garnish. Don´t mess it up and eat it like a sandwich, you need to use cutlery.

Referring to desserts: the Danish are obsessed with liquorice (they have sweet and savoury types and they mix it with everything); the most popular Danish chocolate is Toms Skildpadde, a chocolate tortoise filled with rum, cream and caramel (I tried it with my family and we decided that it wasn´t for us…I definitely don´t recommend it); and it is probably not the most typical for here, but you should try the Kanelsnegle, a delicious cinnamon roll bread.

I love being surprised by new flavours…in fact…I don’t know if I’ll stick with Segovian “cochinillo” and “ponche” or with these desserts!. Despite this, you can find nearly everything else here too. In fact, I tried Copenhagen hot dogs. I thought that it was typically from Germany, but the number of stands was incredible. As a recommendation, the price only includes the sausage…in many places the bread is extra!

To be continued!

 

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