El viernes pasado tuve la oportunidad de participar en el Global Village de la universidad. Este evento, fuera de ser un evento muy divertido, fue un evento que engloba el sentimiento y lo que es la comunidad de la universidad: una Aldea Global. Os cuento…

El evento tomó lugar en el Aula Magna, un espacio que es verdaderamente maravilloso por su esplendor y valor arquitectónico. Este espacio se convirtió en un espacio lleno de vida, con banderas de 20 países que decidieron participar, colgadas de las paredes, en los puestos de cada país o colgadas de hilos entre paredes. Cada país que participó tuvo el espacio para tener un puesto en el cual se presentaban tapas con alimentos típicos del país al igual que datos curiosos de cada uno. En mi caso, participé con una amiga en el puesto de Francia.

El evento se abrió a todos los estudiantes del IE, incluyendo los estudiantes del Campus Madrid. Al entrar, se le daba a cada participante un “pasaporte” que tenían que sellar en cada país que visitaran y así entrar en una tómbola con diversos premios. Mientras que la gente se paseaba por el Aula, visitando países y probando su gastronomía, había actuaciones por estudiantes también representando sus países. Se pudo ver actuaciones como bailes típicos o contemporáneos, canciones/canto, poesía, etc.

El evento fue una personificación muy fuerte de lo que es ser un estudiante del IE Campus Segovia. Al caminar o platicar con gente en los pasillos o en la cafetería, se puede ver, escuchar y sentir una comunidad verdaderamente internacional. Este campus cuenta con más de 80 nacionalidades, muchos casos siendo como el mío donde tenemos múltiples nacionalidades por estudiantes. Esto crea un mezcla de culturas que da una riqueza muy grande tanto en clase como en las interacciones más personales.

Para mí, este fue un evento muy gratificante por muchas razones.  Me dio la oportunidad de explorar y compartir un poco de mi cultura con el resto de mis compañeros de la universidad, compartiendo gastronomía típica pero tal vez menos conocida/reconocida que las crêpes, caracoles, ancas de rana o el queso con vino, pero también con datos que a lo mejor no son conocidos por los demás. También me dio la oportunidad de conocer mejor todas las nacionalidades que existen en mi universidad, al igual que un poco de su cultura. Me fue muy espectacular ver ciertas actuaciones con bailes que desconocía, pero por la energía y la felicidad de los participantes. Fue una experiencia muy enriquecedora.

Tengo que decir que fue un evento que me provocó una sensación/emoción muy bonita. Fue un sentirme conectado e identificado con mi identidad de ciudadano del mundo que digo que soy.

 


Last Friday I had the opportunity of participating in IE’s Global Village. This event was not only a lot of fun, but and event that encompasses the feeling and the “definition” of what IE Campus Segovia is: a Global Village. Let me tell you about it…

The event took place in the Aula Magna, a space that is truly wonderful due to it’s magnificence and it’s architectural features. This space was filled with life, with flags from 20 countries hanging from the walls, the tables and from threads between pillars. Each country which participated had a booth in which they were allowed to present small samples of a traditional food as well as fun facts from their country. This time, I was invited to participate in the booth for France.

The event was open to all IE students, including students from the Madrid Campus. At the entrance, each attendant was given a “passport” to be stamped in each country they would interact with. People who would complete their passport would then get to entre a raffle with different prices available. While people would walk around the room, visiting countries and tasting their cuisines, various performances representing countries would take place. These included things such as traditional or contemporary dances, songs, poetry, etc.

The whole experience was a personification of what it is to be a student at IE Campus Segovia. Walking and talking with people in the halls or the cafeteria, one can see, hear, and feel a truly international community. The campus has more than 80 nationalities, and many students, like me, have multiple nationalities. This creates a mix of cultures that largely enriches both discussion in class as well as personal interactions with classmates.

This event was truly a gratifying experience. It gave me the opportunity to further explore and share my culture with my classmates. In particular, I made sure to cook dishes that are perhaps not as well known as the typical crepes, snails, frog legs or cheese and wine. It also gave me the opportunity to get to know other cultures through their food, facts, and of course performances full of energy and happiness. It was a very enriching event.

I have to say that this event further fueled in me a feeling which I am very familiar with: being a citizen of the world.

 

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